Doña G, es una mujer costarricense de
58 años que actualmente vive en Tres Ríos con sus dos hijos y su hija de 35
años la cual presenta TEA. A continuación les compartimos su mensaje:
Mujer
fuerte, emprendedora, y resiliente, ha sabido enfrentarse a la vida con una
actitud de leona.
Al
principio nos dieron el diagnóstico y no entendimos porque nuestra hija se
comportaba distinta. Pero los amamos tanto que nos subimos en el tren; hacer un
viaje con ella, comenzar el viaje con mi hija con autismo. Y es ahí en donde la lucha comienza y a pesar
de nuestros sentimientos nos vamos haciendo más fuertes, más valientes y a la
vez más humanos.
Porque la vida nos va dando el conocimiento
para ayudar y entender a nuestra hija, que su forma de expresarse es diferente;
por su mirada, por su reacción sabemos si tiene dolor o están tristes o no les
agrada el ambiente en donde están. Algunos se alteran, otros corren, y a veces
su vocabulario es poco o está ausente.
Lo más valioso que hemos aprendido, es el amor
tan puro que expresa, ya que ellos no sienten odio o rencor ni hacen distinción
de personas. Nos enseñan a apreciar la creación y ver la vida más simple, con
pequeñas cosas son tan felices porque no miden el valor económico. Si la
sociedad no pusiera tantas barreras a las personas con capacidades diferentes
la vida se les haría más simple y bella. Todo lo que hemos logrado se lo debo a
Dios, primero, y a mis hijos y a mi hijas.
Doña G nos deja parte de sus vivencia,
y a la vez algunas reflexiones que aquí dejamos en citas textuales.
Las
personas que conviven con el autismo se hacen más tolerantes, aprenden de y con
ellos, nos permiten ser más humanos (R, 2015).
Aquella
persona que trabaje con las familias de niños con autismo debe hacerlo con
amor, es algo que las madres apreciamos mucho (R, 2015).
Aprendí
que no todos tienen el mismo carácter, entonces yo no puedo pretender que mi
hija haga lo mismo que los otros niños que tiene autismo (R, 2015).

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